Un grande del tango PDF Imprimir Correo
Escuela N° 197

 

 Se recuerda la muerte de Carlos Gardel

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Carlos Gardel fue cantante, compositor y actor argentino de origen francés o tal vez uruguayo; según esta segunda hipótesis, habría nacido en 1887 en Tacuarembó (Uruguay). Su madre, Brete Gardès, nunca llegó a saber con exactitud quién era el padre de aquel hijo nacido el 11 de diciembre de 1890 en el hospital de La Grave (Toulouse) y bautizado con el nombre de Charles Romualdo.

 

Vivió en los suburbios de la ciudad de Buenos Aires. Charles se convierte pronto en Carlitos, un muchacho despierto, simpaticón e irascible cuya única ansia consiste en alcanzar el lujo de los ricos y ganar montañas de dinero. Con dieciocho años ya deja oír su aterciopelada voz en esquinas, reuniones familiares y garitos. Su interés y sus aptitudes lo inclinan hacia el tango canción o tango con letra. El tango estaba por entonces culminando su proceso evolutivo que lo había llevado de ser una música alegre de las clases populares a convertirse en un lamento cantado, una música nostálgica y desgarrada que los porteños acomodados habían aprendido a admirar y a bailar y que Gardel estaba destinado a dar a conocer en todo el mundo. Si grande había sido el éxito de Gardel en París, no lo fue menos en España. La voz, la estampa y la simpatía de Gardel arrollaban, especialmente entre las mujeres.

En 1934 inició una gira por toda Hispanoamérica  provocando el delirio. Los teatros se llenaban de un público rendido al cantante argentino, que lo aclamaba y lo continuaría aclamando hasta después de su muerte. El 24 de junio de 1935 el cantor murió en un accidente de aviación cuyas causas nunca se han aclarado, al menos no para los millones de apasionados del tango que en todo el mundo entonces lloraron la muerte de su ídolo y aún hoy hablan de él en tiempo presente. A la confusión del accidente se sumaría después la leyenda de un cantor encapuchado cuya voz sorprendía por su parecido con la de Gardel; muchos afirmaron que el ídolo se había salvado y seguía cantando, pero no deseaba mostrar su rostro totalmente desfigurado; a ser eso cierto, el cuerpo velado por las multitudes en el estadio del Luna Park no habría sido el suyo es su espíritu lo que cuenta: un mar de melancólicos lo lloró entonces y siguió lamentando la pérdida de la voz más triste y cálida que el tango ha dado nunca.


Fuente;

Un grande del tango
 
 

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