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Escuela N° 197

“El Pilcomayo y el Bermejo”

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Tupá, el dios bueno, terminó la creación. Entonces confió al jefe tribal Guarán, el cuidado del Gran Chaco, que se extendía más allá de la selva. Guarán comenzó la gran tarea y así cuidó la fauna, la flora, los ríos y los montes. También gobernó sabiamente a su pueblo.

 

Guarán tuvo dos hijos: Tuvichavé, el mayor, que era temperamental, nervioso y decidido y Michiveva, el menor, más reposado, tranquilo y pacífico.

Guarán, antes de morir, entregó a sus hijos el manejo de los asuntos del Gran Chaco. Pero, fue entonces que comenzaron las peleas entre los dos hermanos, ya que ambos tenían opiniones deferentes acerca de cómo administrar los aspectos de la región.

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Se apareció entonces Añá, el  genio del mal, quien les sugirió que compitieran entre sí en ejercicios de destreza, para así resolver las cuestiones que los enfrentaban. Tuvichavé y Michiveva estaban tan enojados, que decidieron hacerle caso, sin pensar en las consecuencias que podrían llegar a sobrevenir.

Así subieron a los cerros que limitaban al Gran Chaco y para disputar el mando del mismo, resolvieron realizar diversas pruebas de resistencia y habilidad, especialmente en el manejo de las flechas. En una de estas pruebas, Machiveva lanzó una flecha contra un árbol que servía de blanco. Pero Añá hizo de las suyas y desvió la flecha, logrando que la misma penetrara exactamente en el corazón de Tuvichave

Al instante brotó sangre, de tal manera y con tanta fuerza, que comenzó a bajar por los cerros, llegó hasta el Chaco, se internó un río de color rojo, el Bermejo.

Michiveva, al darse cuenta de lo que había pasado y de las tremendas consecuencias de ese inútil enfrentamiento, comenzó a llorar desconsoladamente.

Y tanto lloró, que sus lágrimas corrieron tras el río de sangre de su hermano. Así se formó el Pilcomayo, que corre siempre a la par del Bermejo.

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